//
leer
Diseño y otras artes

Vivir dentro de Las meninas, o La conciencia de la percepción.

La conciencia vive en otra casa. Es una manera de decir que no vive ni duerme contigo. No comparte tus andanzas. A menos que te atrevas a ir a tocar a su puerta. La información que tenemos y el razonamiento que hacemos a partir de ello nos permite hacerlo ocasionalmente y colocarnos más allá de los sentidos y del conocimiento que tenemos de lo observado. Una visita al Museo del Prado en Madrid, nos permite, entre otras cosas, toparnos con Las meninas y hacer algunas reflexiones al respecto.

Velázquez nos ofrece en este cuadro un banquete visual pero sobre todo, una provocación. El hermoso cuadro fue pintado con un único propósito: complacer a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria. Pintado sólo para sus ojos, los de nadie más. No lo digo yo, ni me atengo a la historia del lienzo: el cuadro lo grita silenciosamente. El secreto de este obsequio se esconde tras la temática del cuadro, porque el solo retrato de la infanta Margarita bastaba para cumplir el propósito; sin embargo, el pintor encontró una manera de hacer a los Reyes partícipes de la obra. La primera obra de arte interactiva, si podemos decirlo así.

Las meninas, o La familia de Felipe IV.

Las meninas. Diego de Velázquez, 318 x 276 cm

Observemos el cuadro. Las miradas y gestos nos dicen mucho; como si irrumpiéramos de súbito en la escena, las voces y el murmullo se callaron al momento en que dirigen la mirada al frente. El mismo pintor en su autorretarato hizo una pausa antes de dar otra pincelada y la infanta abre los ojos y dibuja una sutil sonrisa ante la súbita presencia del espectador. La perspectiva y la luz además generan la sensación de un espacio que continúa después del marco. La composición nos obliga a ser testigos, aunque nos resistamos a estar presentes.

En el óleo encontramos una escena casual. Al centro del grupo, la infanta Margarita con sus asistentes o meninas, a cada lado. Los enanos acompañantes a la derecha, compartiendo el primer plano con un mastín echado. En un plano posterior, casi en la penumbra, una dama de compañía y el guardadamas. A la izquierda, el mismo Velázquez y al fondo, en el marco de una puerta iluminada, el aposentador de la Reina. También al fondo, en el reflejo de un espejo, la presencia sugerida de los Reyes de España.

El cuadro explora una serie de recursos que construyen una narrativa que va en dos direcciones obvias. Sin embargo el más importante y al mismo tiempo más discreto, es precisamente el espejo al fondo del salón con el reflejo callado y atento de los monarcas.

Colocarnos físicamente frente a la obra, con la mirada de quien se refleja en el espejo, nos coloca por un momento en las alpargatas Reales, pero esto sólo es posible si observamos el lienzo con el conocimiento de entender nuestra relación con el cuadro. Sin esta perspectiva, apenas somos invitados incidentales.

Veláquez creó una obra que funciona a partir del espacio ocupado por el espectador, que es el mismo espacio que ocuparía el Rey de España. Cuando esbozó el cuadro y el momento de entregarlo al obsequiado, imaginó a Felipe IV asomado frente a un juego mental, más que frente a una pintura.

  • Si somos espectadores pasivos, cuando miramos Las meninas, nos encontramos con un retrato de extraordinaria belleza, con la riqueza de las luces y el realismo de las escuelas flamenca y española.
  • Con la información y los ojos de un observador agudo, la experiencia de la obra ya es envolvente. Entramos con un pie en el salón y somos parte ya de su narrativa.
  • Sin embargo, hay un paso más allá. Rebasamos el umbral de los sentidos y aceptamos la invitación de ser incluso más que actores, recibimos el obsequio de ser concientes de nuestra percepción. Por un momento, nos ubicamos por encima de nuestra realidad de espectador para acomodarnos y vernos a nosotros mismos desde ahí o -si queremos-, acceder a la mirada de un tercero y visitar el trono del monarca del siglo XVII que se maravilla en un espacio virtual.

Veláquez hizo con sorprendente técnica, algo que pocos han conseguido en nuestra época. Provocarnos para ver más allá de nosotros mismos y de lo que observamos: ser parte de la la obra y al mismo tiempo concientes de nuestra propia percepción. El regalo llega -sin lugar a dudas-, mucho más lejos que a los sorprendidos ojos de quienes fueron en ese momento, soberanos de España.

Para saber más.

La liga al Museo del Prado.

Velázquez, Foucault, Picasso: “Las Meninas” del blog La audacia de Aquiles

Las meninas en Wikipedia.

Anuncios

Acerca de Efrén Murillo

Consultor de comunicación, estudioso de la naturaleza humana, eterno curioso.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Mi actividad en Twitter

Con tu dirección de correo electrónico, suscríbete a Aldeafutura.

Únete a otros 683 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: